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EL SOBREDOTADO Y LA ESCUELA

                Diversos autores como E.P. Torrance (1984)[1],  hablan de que la educación dentro de las escuelas, tradicionalmente ha dado mucha importancia a las actividades memorísticas y a la transmisión de la información por parte del adulto en forma de pequeñas dosis, que difieren  altamente de las posibilidades e intereses de los niños, aniquilando la motivación y desvinculando el aprendizaje del nivel de significancia de los alumnos;  logrando, en muchas ocasiones que los niños sobredotados se aburran y se distraigan,  trabajando por debajo de sus posibilidades. Actualmente estamos evaluando  en el Instituto a un chico de 15 años, en el que las Matemáticas es una de sus áreas de aptitud sobresaliente, el cual reprobó Matemáticas este ciclo escolar y la tiene que presentar a extraordinario. Al preguntarle cómo fue que reprobó una materia en la que tiene interés y habilidades, su respuesta es que “era fácil y echó la flojera”.

                Según Torrance  (1966 pag. 43)[2],  “muchos niños sobredotados no encuentran ningún estímulo para estudiar,  y aprenden poco, cualquiera que sea el modo en que se determine su rendimiento”,  ya que “para aprender siempre se debe tener, de alguna manera, la voluntad de hacerlo”.

         El niño que posee capacidades superiores las manifiesta como parte de su conducta desde pequeño, y es el padre o el educador el que envía el mensaje hacia el niño de aceptación o no aceptación,  de apoyo o rechazo,  de oportunidades o de limitaciones. No pretendo decir que exista por  parte de los educadores o padres  una conducta malintencionada, sino que en la mayoría de los casos se trata de inexperiencia y desconocimiento acerca del desarrollo del niño y de lo que el proceso enseñanza-aprendizaje significa para los niños y niñas sobredotados.

             Si al desconocimiento por parte de padres de familia y educadores acerca de cómo manejar al niño sobredotado, se le aumenta una conducta pseudoética por parte de los especialistas de “no etiquetarlos”, en mi opinión es “querer tapar el sol con un dedo”. En otras palabras, pretender que por no identificarlos como niños con aptitudes sobresalientes, la necesidad de brindarles oportunidades especiales éste no existe. 

            El asunto no es sencillo, sin embargo es un reto que necesariamente se tiene que enfrentar, debido a la gran cantidad de problemas que en una época como esta se tienen que abordar; para lo cual, cada nación tiene que hacer uso de sus recursos humanos en forma óptima por el bien de la humanidad. Siendo los sujetos con capacidades intelectuales superiores, recursos imponderables que deben ser cultivados en forma especial.

Mtra. Rosa Ma. Espriu Vizcaíno



[1] E.P. Torrance. 1977. Educación y Capacidad Creativa. Biblioteca Marova de Estudios del Hombre.  Madrid

[2] Propuesta de intervención: Atención educativa a alumnos y alumnas con aptitudes sobresalientes. Secretaría de Educación Pública. México, 2006.